Mamá Tingó era hija natural de Eusebia Soriano. Fue bautizada en la parroquia Espíritu Santo de esta comunidad de Villa Mella, el día 6 de diciembre de 1922. Contrajo matrimonio con un campesino llamado Felipe con el cual procreó una familia.

Vida de Mamá Tingo

Fue una líder campesina que se destacó por defender el derecho que tiene el hombre del campo de labrar la tierra, esta lucha era por la recuperación de tierras que estaban en manos de terratenientes, políticos y militares que las habían adquirido de manera fraudulenta, adueñándose de prados y hatos que habían sido cuna y medio de trabajo y subsistencia para unas 350 familias.

Es considerada un símbolo de la lucha por la tierra y un ejemplo de la mujer rural en la defensa de los derechos del campesinado en todo el continente.

Mamá Tingó era un militante de la Liga Agraria Cristiana de una comunidad de 350 familias pobres, que venían luchando por varios años por la tierra que los vio nacer y que trabajaron varias décadas, pero terratenientes y políticos disfrutaban de los títulos de propiedad, en forma mal adquirida.

Muerte de

Fue una luchadora que murió defendiendo el derecho de los campesinos víctimas del despojo injustificado de tierras allá en Hato Viejo, Yamasá, durante el segundo gobierno de  Joaquín Balaguer.

A principios de 1974, el terrateniente Pablo Díaz Hernández reclamó las tierras que ocupaban desde hace más de medio siglo los campesinos de Hato Viejo. Díaz Hernández alegaba que había comprado las tierras. Mamá Tingó que pertenecía a la Federación de Ligas Agrarias Cristianas encabezó la lucha en beneficios de los campesinos de Hato Viejo que consideraban suyas por haberla ocupado y trabajado durante más de medio siglo, a pesar de su avanzada edad, participó con calor en la dirección de las movilizaciones realizadas por los campesinos.

El terrateniente Pablo Díaz Hernández cercó con alambres de púas más de 8,000 tareas de tierras y con tractores arrancó la cosecha de los campesinos.

El 1 de noviembre de 1974, los campesinos de Hato Viejo se presentaron ante el Tribunal de Monte Plata donde se conocía el caso, pero el terrateniente Pablo Díaz no asistió a la audiencia.

Al regreso de Mamá Tingó a su finca se encontró con la información de que el capataz Ernesto Díaz (Durín), empleado del terrateniente había soltado a los cerdos de Mamá Tingó. Ella fue a amarrarlos, pero el capataz permanecía escondido en el lugar y aprovechó el momento y le disparó con una escopeta. Mamá Tingó intentó defenderse con un machete, pero dos disparos, uno en la cabeza y uno en el pecho la dejaron sin vida a sus 52 años.  Así mataron a Mamá Tingó, quien desde entonces se convirtió en un símbolo de la lucha de los campesinos sin tierra.